Pequeño
tamaño de la empresa.
Falta de tiempo
de la dirección de la empresa para dedicarse a la actividad
exterior.
Falta de formación
en idiomas, conocimientos de comercio exterior, etc.
Necesidad
de contar con servicios externos de gestión exterior
para no crear estructuras en la empresa antes de saber cuales
son las posibilidades reales de la empresa en el proceso de
internacionalización.
Poder recurrir
a profesionales más cualificados y de mayor experiencia.
Abordar proyectos
especiales (nuevos mercados, nuevas líneas de productos,
acciones puntuales….). |